Eli

Historia de una Astronauta

Me vais a perdonar, pero está será una entrada un poco personal. Básicamente he tomado una decisión importante y es que voy a centrar mis esfuerzos en un proyecto distinto al de la Princesa. Al menos por el momento. Eso lo tengo muy claro, porque no voy a dejar esa historia a medias, ya que me ha acompañado durante mucho tiempo, pero de algún modo, creo que es una buena idea coger el relato de esa niña que quería ser astronauta que logró quedar finalista en el Alberto Magno y tratar de convertirla en una novela completa.

¿Porque tomar esta decisión ahora?

Principalmente porque había algo que no funcionaba en la Princesa. Creo en esa historia y en los personajes que aparecen en ella, pero cuando la gente la leía, me decía que estaba bien, que era interesante, pero no había un verdadero entusiasmo. Algo que sí he visto en quienes han leído la historia de Eli. Creo que todos podemos sentirnos identificados con una niña que sueña con ser astronauta, en ir al espacio y formar parte de algo mayor que ella misma.

También  han otros factores que han influido en esta decisión. El primero y más importante es que el proyecto de la Princesa era el principio de una saga, algo que siendo un editor novel me haría las cosas más complicadas de cara a publicar. Y, además, he escuchado la opinión y el consejo de amigos, compañeros y, sobretodo, de Concha Perea, hasta llegar a este punto. Y lo cierto es que es una decisión de la que no me arrepiento.

¿Qué tiene de especial esta astronauta?

Para mí, ésta es una historia muy personal. Hace algunos años pasé por un momento verdaderamente muy malo y, como hacemos muchos escritores, volqué en el papel todo por lo que estaba pasando. La mayoría de mis historias entonces estaban llenas de amargura y rencor. El dolor era siempre el tema central. Pero por alguna razón, cuando escribí las primeras frases de la historia de Eli, me di cuenta que no podía escribir del mismo modo que lo había estado haciendo hasta entonces. Quería… No, esa no es la palabra. Necesitaba que fuera diferente. Y por primera vez escribí una historia en la que el tono era esencialmente luminoso y optimista. Pasaban cosas malas, por supuesto, no se puede crear algo con alma sin una pizca de conflicto e incertidumbre, pero la diferencia esencial radicaba en que Eli no dejaba de creer en su sueño y en que el mundo podría ser mejor de lo que era. Creo que esa pequeña astronauta, de genio insufrible y humor volátil, me salvó de lo peor de mí mismo.

¿Y ahora qué?

Pues realmente nada importante ha cambiado. Sigo con los cursos en Factoría de Autores, entre ellos estamos preparando uno de Narrativa erótica que puede ser muy interesante, sigo decidido a mantener más vivo el blog con los artículos sobre el método y sobre worldbuilding y, si encuentro algún rato, intentaré escribir nuevos relatos para irlos subiendo. Pero en lugar de trabajar con la Princesa, le dedicaré tiempo a la historia de Eli.

Pero no puedo terminar esta entrada sin darle las gracias a una persona muy especial. Le dejé leer el relato original de Eli cuando estaba meditando acerca de este cambio y me sorprendió con esta ilustración inspirada en sus sensaciones. Es la primera vez que alguien hace algo así, inspirándose en uno de mis relatos. Y, además, creo que me ayudará a que en el proceso de convertir el relato en una novela, no pierda su esencia, lo que lo hizo especial la primera vez. Así que muchas gracias, Naiara. Si os gusta su ilustración, podéis ver muchas más en su portfolio: 3DTrass

Astronauta